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La Escuela del Estiércol y el Último Diente.

I. El Maestro y el Diente que Cae . Llegué a un sendero que Viejo me había indicado, consumido por la fe agria. Había confiado en Buda, en el maestro interior, en todas las promesas de un mundo mejor, y el precio fue la pérdida: perdí la calma, perdí la convicción y, casi, perdí el  último diente . Me lo extrajo un dolor punzante, pero no físico: fue el dolor de saber, con una certeza metálica, que  el cielo azul miente . Pedía felicidad a Viejo, esa cosa mullida que la gente cree merecer. Él, en cambio, con la risa contenida y balbuceando con lengua de trapo, devolvía la imagen de la Muerte, que yo había visto bailar obscena y feliz en el techo cuando tenía siete años. “¿Qué más quieres de mí,  bandolero maestro ,” reproché una tarde, “si a quien pido sosiego me habla de vacío?” Me invitó a pasar a su refugio, que él llamaba  Anecúmene . No era un  ashram  ni una cueva mística. Toda una pocilga en su esplendor. Una casa de piedra metida en lo profundo, don...

La Escuela del Estiércol.

Llegué al sitio que el Viejo llamaba Anecúmene , tierra de lo deshecho y región desconocida para el humano. Buscaba la paz que se promete a quienes confían en Buda, pero él, un "bandolero maestro" con orejotas de punta a punta del universo, solo me ofreció la misma visión que tuve a los siete años: la muerte bailando, obscena y feliz en el techo. Pedí felicidad. Él, oliendo a grajo y contradicción, habló del hueso que le sobra a la sonrisa y sentenció, categórico: "La compasión es el último cacharro que debes romper". La ilusión tardó en morir. Cayó como el último diente , sabiendo ya que el cielo azul, esa mentira hermosa de mi infancia, había sido un engaño. El Viejo decretó: "Anecúmene eres tú." La iniciación no se basaba en textos sutiles sino en la brutal simplicidad de la materia. Ordenó limpiar la cocina, fregar letrinas y amontonar el estiércol , todo esto para sustraerme del dolor. Viví en la fragua, hirviendo, con los desheredados y los prófugos...

PROTOCOLO DEL PUNTO FINAL.

I. La Caja y el Error de la Unidad. ​Jaad no creía en las llaves pero sí en las cerraduras. La suya: una caja de metal pulido, fría al tacto y ridículamente pesada para su tamaño. Llevaba grabadas las iniciales: CHA . No significaba ni consuelo, ni continuidad, ni caridad. Se trataba de la Caja de Herramientas Antagónicas , el único equipaje que consideraba honesto. Dentro, no había destornilladores ni pinzas sino artefactos conceptuales: la LFÚ (una navaja de afeitar que cortaba la sintaxis), el PIÚ (un compás descalibrado) y el Gesto Innecesario (una pluma con tinta invisible). ​Jaad, cuya identidad oscilaba entre Jovial Aunque A Veces Deprimido  y Jodido Aunque A Veces Descojonado , se sentó frente a una cuartilla inmaculada. La tarea de la semana era simple: escribir un cuento sobre el fracaso . La presión no venía de ningún editor sino del Dogma Paralizante de la Pureza y la Coherencia (DPPC) que impregnaba el aire de su cuarto.. ​—Todo el mundo busca la historia de la ...

Ética Rota: La Opacidad como Única Forma de No Mentir (Anti-Texto).

Jaad o un servidor aplica a sí mismo La Caja de Herramientas Antagónicas (CHA ). al ensayo anterior. ​El Rigor de la Ruptura ​ I. Transparencia: La Mentira Europea. ​Nos enseñaron la transparencia. Nos dijeron que la ética del lenguaje se basa en que la palabra corresponda a la cosa . Esto es un chiste en el Caribe. Una mentira. La palabra aquí no nace de la correspondencia, nace del golpe , del corte de la lengua africana, del silencio taíno. ¿Ética? Tal vez la única ética posible: No repetir la lógica colonial . ​La palabra, ya lo sabemos, es un arma. Usarla para buscar claridad   constituye el primer acto de traición; lo que busca el Dogma Paralizante de la Pureza y la Coherencia (DPPC) . No queremos que nos entiendan . Buscamos no traicionar lo que ni siquiera tiene nombre, lo que no se deja traducir . Punto. ​ II. Glissant y el Derecho a No Explicarse. ​Glissant lo dejó claro: opacidad . Que el Otro se explique es la exigencia del amo. Quieren que te hagas legibl...

Ética del lenguaje: opacidad, mestizaje y testimonio desde el Caribe.

Esta primera versión explora la noción de “ética del lenguaje” desde una perspectiva caribeña, desplazando el ideal europeo de transparencia y proponiendo en su lugar una ética de la opacidad, la impureza y la fidelidad a la mezcla. A través de las obras de Édouard Glissant, Maryse Condé, Luis Rafael Sánchez, Nancy Morejón, Antonio Benítez Rojo y Sylvia Wynter, se argumenta que en el Caribe el lenguaje nunca ha sido un medio neutral, sino un campo de batalla y creación. La ética no reside en la claridad o la comprensión total, sino en el respeto por lo que no se deja traducir, en la subversión de las lenguas impuestas y en la ampliación de lo que cuenta como discurso. Central a esta reflexión es la relectura de La isla que se repite de Benítez Rojo, no como estudio folclórico, sino como una teoría radical de la enunciación fragmentaria. El ensayo concluye que la ética del lenguaje caribeña no promete redención, sino fidelidad sin consuelo: la única honestidad posible en un mundo marcad...

¿Quién es Jaad actualmente? Y su apuesta más arriesgada.

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⌛ Perfil en blogger , guárdalo . 👉Budista sin escuela ni dogmas.  👍Instructor de "Nomeditación". 👀 Poeta . 👉Escritor con IAG. 😂Asesor literario, en la especialidad de  "técnicas narrativas". Como médico curo a través del arte.   👌Estudioso de I Ching. 💚Voy ganándome el  abstracto pan  con: 💀Consultas  a I Ching .    Contacto: jorrge.aguiar@gmail.com o +34 640 94 50 70.  ✅Revisión de textos y escritos por encargo. Contacto: jorrge.aguiar@gmail.com o +34 640 94 50 70.  💥 Activista pro lenguaje.  Dicho escrito lo anteriormente expuesto, estáis pues invitados a mi blog principal (entre otros tantos, pero justo este que estás leyendo los arboriza a todos). 😇😂😍, perdonadme la broma.  Bien, al grano.  Después de una semana terminé con Kafka por el momento.  Tocan ahora otros flujos...dicho sea de paso, ocurrió el estreno de otro blog:... y despues de Nagarjuna .  Voy a refugiarme en este último blog que ...

Diálogo entre Kafka y Blanchot.

El presente divertimento  en "serio" fue concebido para el blog, y  está fuera del ensayo.  Kafka: Escribo de noche cuando la angustia no me deja dormir. Sólo conozco ésta. Y me parece muy claro lo que tiene de diabólica. Es la vanidad y la concupiscencia que no dejan de girar en torno a mi persona y de gozar con ello. Blanchot: Pero no es tu persona la que escribe. Es algo que pasa a través de ti. La escritura no te pertenece. No es tuya. Tú no eres su dueño sino su huésped. Escribir no es un acto de voluntad, sino una pasividad: te deja escribir. Kafka: Tienes razón. A veces leo lo que he escrito y no lo reconozco. Me parece ajeno. Como si otro lo hubiera escrito. Incluso La metamorfosis, que algunos consideran mi obra más lograda, me repugna. Me parece mala. Final ilegible. Casi radicalmente imperfecto. Blanchot: Precisamente por eso es verdadera. Porque no busca la perfección. Busca el límite. La obra auténtica no es la que se cierra sino la que se interrumpe. La que...

Constatación de la imposibilidad de pertenecer al mundo.

Lo que sigue puede leerse como epílogo o notas del "ensayo" o texto sobre Kafka .  La constatación no es una revelación mística ni un descubrimiento filosófico ni siquiera una emoción. Es más modesta y desoladora: se trata del reconocimiento de que uno está fuera de lugar, sin saber por qué. En El proceso, Joseph K. no sabe de qué se le acusa pero sí sabe —con una certeza que no necesita pruebas— que algo está mal en su relación con el orden del mundo. No es que haya cometido un crimen; sino que su existencia misma parece inadmisible. La ley no lo juzga por un acto sino por estar ahí , como un error de formato en un sistema que exige perfección burocrática. En sus cartas a Felice, Kafka no duda de su amor sino de su derecho a amar. No significa tal vez que no quiera casarse; sino que siente que no tiene la condición humana necesaria para llevarlo a efecto. El compromiso no es una promesa sino una impostura. Por esto huye: no del amor, sino de la farsa de fingir que puede v...

Manual para escapar de una oficina que no existe (un cuento).

(un cuento). Mi jefe me regaló un libro. No por cumpleaños ni por buen desempeño sino porque me vio llorar en el baño, con la frente apoyada en el espejo, repitiendo: “No me corresponde estar aquí” . —Léete esto —dijo, dejando sobre mi escritorio un volumen titulado Kafka: por una literatura menor . —¿Es de autoayuda? —pregunté.  —Mejor —dijo—. De auto-fuga . Resulta que dos filósofos franceses —Deleuze y Guattari, nombres que suenan como marcas de queso— descubrieron que Kafka no era un pobre diablo atormentado sino un genio de la evasión . Según ellos, cada vez que K. habla con un guardián de la Ley, no está suplicando: está saboteando desde dentro . Cada carta a Felice no es angustia amorosa, sino una línea de fuga . Hasta La metamorfosis es, en el fondo, “una estrategia corporal para escapar del trabajo asalariado”. Me entusiasmé. ¡Por fin una salida! Si Kafka podía convertir su condena en máquina de fuga , yo podía convertir mi oficina —con sus memorandos circulares, cafés fr...

Testimonio negativo: escribir para no haber vivido.

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(Versión corregida y ampliada del texto publicado en   anteriores posts) .                      Por ‘ testimonio negativo ’ entiendo el acto de escritura que no afirma una experiencia vivida sino la imposibilidad misma de vivirla; no da fe de lo que fue sino de lo que nunca pudo ser.    I. La escritura como condena. ¿Se escribe por elección? Tal vez se escriba porque uno —quien escribe, se sobreentiende— ya no puede no hacerlo. Quizá porque se enfrenta a algo que llega desde lo pulsional: la repetición incesante de una falta que no encuentra nombre. En este umbral, Franz Kafka no es un escritor entre otros, sino el nombre que la literatura moderna ha dado a su propia crisis . No se trata del autor de El proceso o La metamorfosis ; sino del lugar donde la escritura se detiene, se interrumpe, se niega a sí misma. Escribir, para Kafka, no es construir sino derrumbar. No es decir sino desdecir. No es vivir si...

La obra que no pertenece al autor (de VII a IX).

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  VII. La obra que no pertenece al autor. Max Brod  publica las obras de Kafka , quien como sabemos había pedido que todo fuera quemado. Brod desobedece. Y al hacerlo, no salva la obra: la traiciona. Porque Kafka no quería que su obra sobreviviera. Quería que su escritura fuera un acto privado, íntimo, sin destinatario. Al publicarla, Brod la convierte en propiedad pública, en objeto de estudio, en legado. Y en ese momento, muere. Blanchot lo entiende: “la obra sólo existe cuando es esa realidad pública, extraña, hecha y deshecha por el choque de las realidades”. Pero también sabe que, en ese choque, el escritor desaparece. Ya no es quien escribió. Es un nombre, un mito, un personaje. La verdadera obra de Kafka no son sus libros. Es su Diario . Porque en el Diario, no hay estilo, no hay personajes, no hay trama. Hay sólo el movimiento de la escritura, el esfuerzo por decir lo que no puede decirse, el fracaso continuo. VIII. El artista como oveja. En una carta, Kafka se pregun...

Ley, estilo, soledad. Ontología de la culpa.

 IV. La ley que no existe.  Ley como pura forma sin contenido. La ley no como código sino una presencia invisible.  En El proceso , Joseph K. es arrestado. No se le dice de qué delito. No se le muestra la ley. No se le permite defenderse. Y sin embargo, es culpable. Culpable de existir. Culpable por no saber. Culpable por preguntar. Maurice Blanchot no ve en esto una alegoría del totalitarismo ni una crítica social. Ve algo más profundo: la ley no existe . No hay norma, no hay justicia, no hay razón. Hay sólo el hecho de la acusación. Y esa acusación basta para condenar. Pero más aún: la ley no puede existir. Porque si existiera, sería comprensible. Y lo que la hace terrible es precisamente su opacidad. La ley es lo que no se puede conocer, lo que no se puede ver, lo que no se puede nombrar. Es un vacío que exige obediencia . El escritor, en este sentido, está bajo la misma ley. No hay reglas para escribir. No hay modelo. No hay autoridad. Y sin embargo, escribe. E...

"Croqueta nueva en aceite viejo: notas kafkianas sobre la condena de escribir".

Después de darle vueltas a mi propia ignorancia, decidí integrar el post anterior y los comentarios que generó en el siguiente texto como respuesta y reflexión. Después, en venideros posts, seguiré publicando la continuación del ensayo.  Trazos que responden implícitamente a las preguntas que surgen por entre los intersticios: 1) La escritura como condena y el amor como imposibilidad. Kafka no escribe para comunicar ni para crear ni siquiera para entender. Escribe porque la vida le fue retirada como posibilidad y la escritura será el único modo de constatar esa retirada . No es un acto de afirmación, sino de testimonio negativo. Escribir, para Kafka, no es construir sino derrumbar. No es decir sino desdecir. No es vivir sino prepararse para no haber vivido. Aquí radica la paradoja señalada por uno de los comentarios --¡todos anónimos!-: ¿no es esa negación, en sí misma, una forma de afirmación? Sí — pero una afirmación sin sujeto . No es Kafka quien afirma, sino la escritura que l...

Escritura y amor...de la condena a la prueba fallida.

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   I. La escritura como condena. ¿Se escribe por elección? Tal vez se escriba porque uno --quien escribe, se sobreentiende---- ya no puede dejar de hacerlo. Quizá sea algo que llega desde lo pulsional por repetición. Y esta necesidad (¿o demanda inconsciente?) lejos de ser un don, deviene en   condena: no en la condena de quien peca sino en la de quien sólo puede pecar por existir . En este punto,  Franz Kafka  no es un escritor entre otros, sino el nombre que la literatura moderna ha dado a su propia crisis. No es el autor de  El proceso  o  La metamorfosis  ; es el lugar o agenciamiento donde la escritura se detiene, se interrumpe, se niega a sí misma. Escribir, para Kafka, no es construir sino derrumbar. No es decir  sino desdecir. No es vivir sino prepararse para no haber vivido. Maurice Blanchot , en lo que se conoce como  De Kafka a Kafka  —ese texto sin "autor fijo" ni edición canónica, y que circula como rumor entre l...